El tercer evangelio acompaña en lectura semicontinua la liturgia del año C. Maravillosa ocasión para descubrir el espíritu de una obra a la que se conoce sobre todo por fragmentos escogidos, por otra parte soberbios:
La crítica histórica nos ha acostumbrado a distinguir entre el evangelio, las cartas y el Apocalipsis, siendo cada escrito atribuido a redactores diversos.